Archivo | enero 2015

Cuidarte

vuidar

cuidar tu alma entre mis manos
cuidar tu sumisión con mi dominación
cuidar tu cuerpo con mi protección
cuidar tu marcas con mis caricias
cuidar tus heridas con mi corazón
cuidar tus miedos con mi seguridad
cuidar tus dudas con mi razón
cuidar tus vida con la mia
cuidar tu entrega con mi poder
cuidar tu mente con mi enseñanza
cuidar tu deseos con mi placer
cuidar tu complacencia con mis ordenes
cuidar todo lo que quieras darme con todo lo que ofrezco.

Llamas

Siento todo lo que me das.fenix-300x262_thumb[6]
Quiero que el mundo se abra y una las almas en este universo….
que las estrellas se estrellen contra si, se unan….
que las llamas de la pasion quemen mi piel
las calidas gotas de lluvia se vuelvan gemidos
devorar centenares de segundos convertirlos en horas
quemar mi alas y volar hacia al universo mismo
perderme entre la inmensidad del tiempo y espacio
el aroma de cuerpos fundidos y solo la resppiracion de tu alma sobre mi.

Faraon Dark

El valor de una sumisa.

sumisa

Una sumisa cualquiera… (Puedes ser tú), apesadumbrada y triste, se dirige a la cita que ella solicitó a un Amo (amigo) de mucha experiencia, solo con el único propósito de pedirle consejo sobre un quebranto que la afligía.

Una vez con él (le llamaremos SIR) le dice:
Vengo, SIR, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Mí Amo me dice que no sirvo, que no hago ni obedezco nada bien, qué soy torpe y bastante tonta. Y muchas otras hermanas me dicen lo mismo. Y yo adoro a mi Amo y quisiera hacerlo cambiar de opinión.

¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El SIR, sin mirarla, le dijo:

Cuanto lo siento muchacha, “no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema”. Quizás después. Y haciendo una pausa agregó:
Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este problema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.

Encantada SIR, titubeó la sumisa, pero sintió que otra vez era desvalorizada y, sus necesidades, postergadas.

Bien, asintió el SIR. Se quitó del cuello un precioso y enjoyado colgante y dándoselo a la sumisa agregó: Ve hasta el mercadillo, ya que debo vender esta joya urgentemente, porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por ella la mayor suma posible, pero no aceptes menos de 500 euros. Ve y regresa con ese dinero lo más rápido que puedas.

La sumisa cogió la joya y partió rauda hacia el mercadillo. Apenas llegó empezó a ofrecer el anillo a los comerciantes. Estos miraban la joya con interés, hasta que la sumisa decía lo que pretendía por ella. Cuando la sumisa mencionaba los 500 euros, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y solo un abuelo fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que 500 euros era mucho dinero para entregarlos a cambio de ese tipo de joya. En afán de ayudar (o no), alguien le ofreció 50 euros y un bocadillo, pero la sumisa tenía claras instrucciones del Señor de no aceptar menos de 500 euros y rechazó la oferta.

Después de ofrecer la joya a todos los comerciantes y demás personas que deambulaban por el mercadillo y abatida por su fracaso, regresó donde el SIR.

Ella pensaba en cuanto hubiera deseado tener esa cantidad, podría entonces haberle entregado ella misma el dinero a su amigo SIR para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda
Una vez de vuelta, le dijo: Sir, lo siento, no he podido conseguir lo que me pediste, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto al verdadero valor de la joya. Muy importante lo que has dicho muchacha, contestó sonriente el SIR. Debemos saber primero el verdadero valor de la joya. Vete rápida al joyero pues, ¿quién mejor que él para saberlo? Dile que quieres vender esta joya y pregúntale cuánto te da por ella, pero no importa lo que te ofrezca, no se la vendas. Vuelve aquí con mi joya.

La sumisa corrió a la joyería, el joyero examinó la joya con su lupa, la analizó con productos químicos, la pesó y le dijo:
Dile al SIR, qué si la quiere vender ya, no puedo darle más que 5000 euros por su joya.
5000 euros!!!!!!!!!!!!!!!!! Exclamó la sumisa.

SÍ, replicó el joyero, yo sé que con tiempo podríamos obtener por ella cerca de 7000 euros, pero no sé,…si la venta es urgente.
La sumisa no se la vendió porque así se lo había ordenado el SIR y corrió emocionada hasta donde la esperaba el SIR para contarle lo sucedido.

Siéntate, dijo el SIR después de escucharla y le dijo:

¡Tú eres como esta pieza!: “Una joya valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto.”

¿QUE HACES POR LA VIDA PRETENDIENDO QUE CUALQUIERA DESCUBRA TU VERDADERO VALOR?

Y, diciendo esto, el SIR volvió a ponerse al cuello su joya.